Imagino que, por las ahora llamadas “razones de género”, se me considerará un intruso en la revista Yo dona (y en su sección “Cartas de las lectoras”). Pero no puedo resistir la tentación de comprarla cada sábado para disfrutar el placer, exquisitamente perverso, de leer a María Vela Zanetti.
Suelo pensar, al hacerlo, que su pluma viperina, su agudeza malevolente y su espléndida escritura sólo pretenden demostrar que, como decía André Gide, con buenos sentimientos no se puede hacer buena literatura. Pero al leer hoy su retrato de Carmen Alborch he de confesar que, una vez más, Vela Zanetti ha logrado sorprenderme. Ya estaba yo habituado a su capacidad para bordar el nada fácil arte de reírse de lo risible. Hoy me he visto obligado a reconocer que, a pesar de lo que pensábamos Gide y yo, hay quien es incluso capaz de escribir un artículo admirable sin usar (casi) más que nobles sentimientos.
José Lázaro. Madrid