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José Lázaro

«Luis Martín-Santos: A multidimensional psychiatrist»

Artículos

En la excelente Epistemología de la psiquiatría, publicada originalmente en 2024, Berrios y Luque dedican un capítulo a la filosofía fenomenológica y a la discutida forma en que Jaspers la aplicó a la psicopatología. Citan una abrumadora bibliografía sobre el tema, clásica y reciente. Llama por ello la atención la especial relevancia que conceden a la que llaman «obra clásica» de Luis Martín-Santos: Dilthey, Jaspers y la comprensión del enfermo mental» (1955).

Pero no es la psiquiatría lo que explica la celebridad de Martín-Santos, sino la magistral novela Tiempo de silencio (1962) con la que impulsó la evolución de la literatura española desde el realismo tradicional entonces imperante hacia el tipo de vanguardismo que en la literatura mundial, cuarenta años antes, Joyce había llevado a la culminación del Ulises (1922). Y la comparación no es arbitraria: entre las muchas y fructíferas lecturas que hay tras Tiempo de silencio, destaca claramente esa obra de Joyce. Nadie había logrado antes en España asimilar (que no mimetizar) las innovaciones narrativas con que la mirada de Joyce radiografió Dublín y aplicarlas como una recreación (que no una imitación) al Madrid de los años cuarenta.

Martín-Santos tenía una fuerza interior de tal calibre que vivió, en los escasos cuarenta años de su existencia, varias vidas, seguidas por varias leyendas sobre su muerte. Por eso un temprano intento de darlas a conocer, cuando el personaje era aún un célebre desconocido, llevó el título de Vidas y muertes de Luis Martín-Santos (Lázaro, 2009). En su relampagueante paso por la vida, fue un seductor fascinante para hombres y mujeres, un gélido displicente para los pelmas que se le acercaban, un metafísico vocacional y a la vez un científico riguroso, un militante político clandestino que luchó en vano para cambiar su país y un novelista que cambió su literatura, un berlanguesco aspirante a catedrático en la España franquista y un constante provocador al borde del histrionismo, un afectuoso padre de familia recordado por sus hijos y un alegre juerguista conocido por sus amigos noctámbulos, un niño tímido, solitario, retraído y un hombre orgulloso, deslumbrante, verborreico…

La publicación de sus Obras completas, admirable iniciativa que Galaxia Gutenberg ha iniciado en 2024, dará a conocer al público general lo que hasta ahora pocos sabían: los escritos que Martín-Santos dejó inéditos al morir, y que han permanecido en ese estado durante sesenta años, son más numerosos que sus textos publicados. Parece que con ello van a finalizar los sesenta años de silencio que sus herederos impusieron a ese océano de textos.

La parte psiquiátrica de su obra no tiene la trascendencia histórica de la novelística, y está muy condicionada por la época en que fue escrita, pero es de una calidad que vuelve a demostrar las excepcionales dotes intelectuales de su autor. Dentro de ella hay una línea de gran coherencia interna e interés general que recoge las herencias teóricas en las que basa su concepción personal de la psicología normal y patológica, sus análisis de la existencia humana y su propia forma de entender los trastornos mentales y la psicoterapia. Estos escritos son lo que intentamos compilar de forma selectiva en el volumen El análisis existencial. Ensayos (2004). El conjunto recogía a la vez los fundamentos de su pensamiento teórico (la genealogía de sus raíces intelectuales), la aplicación de aquella teoría al estudio de la vida cotidiana y la elaboración personal de una psicoterapia de las neurosis. El abanico temático de aquella selección de textos quedaba claros en sus títulos: «El psicoanálisis existencial de Jean-Paul Sartre», «La psiquiatría existencial [Heidegger]», «Jaspers y Freud», «El naturalista, su psicología», «El plus sexual del hombre, el amor y el erotismo», «La comprensión de la locura [Entrevista]», «Fundamentos teóricos del conocer psiquiátrico», «Formación del psicoterapeuta» y Libertad, temporalidad y transferencia en el psicoanálisis existencial. Para una fenomenología de la cura psicoanalítica.

Pero su contribución a la psiquiatría no se limita a esos textos; se extiende también a otras reflexiones epistemológicas («La psiquiatría experimental», «Dialéctica, totalización y concienciación»), finos análisis psicopatológicos («El problema de la alucinosis alcohólica», «Ideas delirantes primarias, esquizofrenia y psicosis alcohólica aguda», «Falta de realidad fenomenológica de la doble membración de las llamadas “percepciones delirantes” descritas por Kurt Schneider»), estudios clínicos («El problema de la alucinosis alcohólica», «Descripción fenomenológica y análisis existencial de algunas psicosis epilépticas agudas»), e investigaciones sobre tests psicotécnicos («Descripción y validación estadística provisional de una adaptación española de la Escala de Wechsler-Bellevue para la inteligencia de los sujetos adultos», «Correlaciones entre el test de Rorschach y los hallazgos electroencefalográficos en un grupo de 50 pacientes sometidos a tratamiento convulsivante»). A todo ello hay que añadir sugerentes incursiones ensayísticas («Lope de Aguirre ¿loco?», «Baroja-Unamuno»). Pero todos estos textos, publicados en vida o al poco tiempo de su muerte, son tan solo una parte de los que escribió.

La promesa actual de publicar toda la producción psiquiátrica de Martin-Santos dentro de sus Obras completas merece el más entusiasta aplauso y es una valiente y arriesgada apuesta por parte de la editorial Galaxia Gutenberg. Las características de los textos no lo van a poner fácil. Dilthey, Jaspers y la comprensión del enfermo mental (cuya primera y única edición en 1955, de mil ejemplares, está agotada desde hace décadas) es una excelente tesis doctoral que dedica doscientas páginas a resumir una minuciosa lectura de los dos pensadores que le dan título. La aportación original del autor, el capítulo final de la tesis, se publicó transformado en artículo aquel mismo año: es el citado «Fundamentos teóricos del conocer psiquiátrico». Entre los demás trabajos publicados en revistas profesionales hay algunos de considerable extensión y contenido muy técnico. El volumen de escritos psiquiátricos póstumos que Castilla del Pino le envió a Barral —y este extravió— se ha dado por perdido, aunque Rocío Martín-Santos Laffon aseguró alguna vez tener una copia. También están inéditas las dos memorias de cátedra redactadas para sendas oposiciones, que fueron elogiadas por Castilla del Pino en 1964, cuando defendía su publicación; años después cambió de opinión por considerar que incluían opiniones ideológicas de carácter contrario a las convicciones de su autor, incrustadas de forma inauténtica en el texto para «captar la benevolencia» de los ultraconservadores miembros del tribunal. Y a todo esto hay que añadir los abigarrados manuscritos inéditos, más o menos fragmentarios, que su hija ha custodiado. La tarea que tienen por delante los editores de ese material no es envidiable.

Ante este complicado panorama, es muy esperanzador el rigor y el acierto con que el responsable de las Obras completas, Domingo Ródenas de Moya, ha preparado el primer volumen, dedicado a la narrativa breve, nunca antes publicada de forma completa, coherente y ordenada. Pero

el valor y los aciertos de este primer volumen desciende varios puntos en el segundo, que publica por cuarta vez al más conocido de los trabajos profesionales de Martín-Santos: Libertad, temporalidad y transferencia en el psicoanálisis existencial. Para una fenomenología de la cura psicoanalítica (1.ª ed, Seix Barral, 1964; 2.ª ed., Seix Barral, 1975, 3.ª ed., en: El análisis existencial Ensayos, Editorial Triacastela, 2004).  En este caso se ha elegido la opción editorial más cómoda y menos estimulante: es un texto muy conocido por los interesados en su tema y con pocas posibilidades de despertar interés más allá de ellos. La nueva edición incluye como apéndice el importante prólogo que Castilla del Pino preparó para la primera, reproducido en todas las posteriores y determinante desde entonces de la «visión percibida» sobre Martín-Santos como psiquiatra. Aporta también un prólogo de Manuel Villegas Besora, que recicla, con escasas variantes, su artículo de 1985 «Significación de la obra de Martín-Santos para la Historia de la Psicologia y Psiquiatría españolas». Este texto es solvente, informativo y útil para el lector que desconozca el contexto del texto presentado, pese a algún patinazo sorprendente: Martín-Santos, como todos los psiquiatras coetáneos, tuvo la ocasión histórica de presenciar la aparición de los nuevos psicofármacos que en menos de diez años lograron transformar por completo el tratamiento de las enfermedades mentales y se convirtieron en la base de los que se siguen utilizando hoy: las sales de litio (1949), la clorpromazina (1952), la reserpina (1952), la  iproniazida (1957), la imipramina (1957) o el clordiazepóxido (1959), entre otros. Es decir, los primeros estabilizadores del estado de ánimo, neurolépticos, antidepresivos y ansiolíticos de los que procede prácticamente toda la psicofarmacología actual. Esta revolución terapéutica fue vivida en primera persona por él, que en sus primeros artículos había dejado constancia de los recursos que solía usar: medicamentos hoy considerados de poca eficacia, mucho electroshock y, en algunas desdichadas ocasiones, psicocirugía. Su lectura de Freud fue tardía y su práctica del «psicoanálisis existencial» parece que todavía más. Villegas Besora afirma, con clara intención, que aquellos nuevos fármacos de los años cincuenta provenían «de los laboratorios americanos». Lo cierto es que las sales de litio fueron introducidas por John Cade desde el hospital australiano en que trabajaba y todas las demás moléculas mencionadas proceden de las investigaciones realizadas en laboratorios franceses o suizos:  Rhône-Poulenc, Ciba, Hoffmann-La Roche, Geigy…

En fin, con sus muchas luces y sus escasas sombras (por el momento) estas incipientes Obras completas de Martín-Santos son una encomiable —y valiente— iniciativa editorial que, si logra llegar a buen fin, enriquecerá hasta tal punto nuestro conocimiento que el tópicamente considerado «genial autor de una única novela» pasará, pese a su breve vida, a ser un autor prolífico (aunque sea de forma póstuma) con una obra heteróclita y torrencial. La amplia tribu de académicos que llevan sesenta años dando vueltas y más vueltas a Tiempo de silencio se encontrarán con un océano inexplorado del que cabe esperar muchas y muy diversas sorpresas.

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